En este taller de bordado, cada diseño invita a repensar la relación que tiene la vida moderna con las mujeres mazahuas que combinan labores de cuidado con la venta de sus productos y el cuidado de la naturaleza.
Valle de Bravo, Estado de México. Con una puntada firme sobre una tela que le sirve de soporte y utilizando aguja e hilos como instrumentos básicos, Liliana de Jesús Peña, de 39 años, borda venados, flores, estrellas y otros símbolos que reflejan la cosmovisión de su pueblo mazahua: el equilibrio entre la tierra y el espíritu.
Cada hilo y cada color unen tradición, cuidado del medio ambiente y resistencia frente a la pobreza, la desigualdad y la discriminación.
“Cuando te ven vendiendo en la calle te discriminan, no valoran el trabajo que uno hace”, afirma en entrevista con Evlyn.Online
Es una mañana de domingo en el taller de bordado mazahua fundado por “Mazahui”, una organización no gubernamental liderada por Martha Gloria García de Namnun y quien, junto a otros colaboradores, creó este espacio para que las mujeres mazahuas mejoren su economía, fortalezcan su autoestima y preserven su cultura.
Se trata de un lugar donde las mujeres mazahuas reciben capacitación y disponen de máquinas de coser e instrumentos de confección para dar un terminado profesional a cada prenda que bordan a mano. Aquí reciben apoyo económico y se les alienta a ofertar su producto valorando justamente su esfuerzo en un par de tiendas disponibles en Avándaro y Valle de Bravo.

A través de Mazahui, las mujeres mazahuas también reciben talleres educativos sobre medio ambiente, salud, derechos humanos, alfabetización, tareas de cuidado y estrategias para lidiar con la carga económica y de cuidado de tipo tradicional que recae sobre ellas.
“Antes, salíamos a ofrecer los productos en la calle pero no lo dejan a una vender en la calle y aquí en el taller ya tenemos un trabajo seguro donde podemos enseñar lo que nosotros podemos hacer. Cuando yo salía a vender a la calle, muchas personas nos discriminaban”, cuenta Liliana.
Dos días a la semana, Liliana es la encargada de venir al taller de bordado y llevar tela e hilos a las mujeres mazahuas de su pueblo para que trabajen los bordados y conforme se van terminando las piezas, las regresa al taller para que otras compañeras le den un terminado final en máquina coser y un planchado profesional. Así, los bordados se transforman en cojines, caminos de mesa, klineras, entre otros diseños.
El bordado que hace Liliana le viene de herencia por su cultura étnica. Su mamá le enseñó a bordar y su abuelita la llevaba a vender piezas bordadas desde los nueve años.
“Desde los cuatro años, yo veía a mi mamá bordar y como a mí me gustaba mucho eso, yo también buscaba mi aguja, mis hilos, aunque no los vendiera, pero me ponía con mis hilos. A los nueve años ya era una profesional. En ese tiempo yo hacía los morralitos porque mi abuelita salía a vender y ella me empezó a traer aquí a Valle, a donde ella fuera, yo iba con ella. Me venía yo a recorrer las calles, rancheando todo lo que vendíamos y de allí me gustó mucho trabajar la costura y vendiéndola”, recuerda.
En cada bordado mazahua va implícita la relación del respeto por la naturaleza, el cuidado por el medio ambiente y el equilibrio entre la tierra y el espíritu. Por ejemplo, hoy Liliana viste una nagua bordada a mano y una blusa bordada con caballos y flores.

“Para mí, representa un animal que es muy trabajador y trabaja en el campo. El caballo, es un animal muy trabajador, es como si fuera un tractor que barbecha todo en los terrenos y el caballo, allá en mi tierra, se usa mucho para mover la tierra y sembrar el maíz”, explica.
El respeto por la naturaleza, recalca, es fundamental para ella y quienes habitan en su comunidad ya que se asumen como guardianes ambientales que cuidan el agua, conservan los bosques y protegen el suelo.
“No permitimos la tala de árboles porque de allí viene el agua que nosotros tomamos de toda la parte del monte. Ese monte, nosotros lo limpiamos, casi todo el pueblo va a reforestar para que siga fluyendo el agua”.
Uno de sus más grandes anhelos, confiesa, es instalar su propia tienda de bordados mazahuas.
“Mi sueño más grande es tener una tienda de bordados aquí en Valle para que la gente vea que esto es puro bordado a mano y de mujeres indígenas porque hay muchas personas que dicen que esto es a máquina pero no es a máquina, es el aprendizaje que nuestras mamás, nuestras abuelitas mazahuas nos dejaron y ayudar a mis compañeras que todavía salen a vender”, comparte Liliana.
En el taller de bordado mazahua, Guadalupe Ulloa José, originaria de Pijijiapan, Chiapas, trabaja en la costura recta que sirve de base para los tejidos que bordan las mujeres mazahuas.
“Es un trabajo muy bonito, cuesta mucho y nos gustaría que nos ayudaran con su compra de todo este material que hacemos porque pues sí, sí es mucho trabajo tanto para las bordadoras como para nosotros que hacemos todo el terminado. Hay temporadas que no se vende mucho y tenemos muchos problemas porque si no hay venta, no hay trabajo. No podemos seguir trabajando porque por lo mismo, no sale el producto”, agrega Guadalupe.
A María Benítez Pérez le toca coordinar a las 26 mujeres mazahuas que actualmente forman parte de “Mazahui”.
“Mi trabajo siempre ha sido coordinarme con las mazahuas en cuestión de corte y costura. Aquí ellas vienen los martes por el material. Aquí cortamos lo que se va a mandar a bordar como pueden ser cojines individuales, se llevan el hilo, lo regresan a los ocho días y aquí mi labor es hacer el terminado a máquina, revisar que todo venga bien, cuando se llevan, cuando lo regresan, terminar a máquina, planchar, que toda la mercancía salga perfecta de acá. Si hay algún detalle, lo regreso y lo vuelven a detallar”, explica María.
Su sueño de toda la vida, reconoce, se cumplió el día que se abrió el taller de bordado mazahua y pudo estar a cargo de una máquina de coser.
“A mí ponme una máquina, y yo me la muevo. Yo con ellas estoy feliz porque este fue mi sueño de toda la vida. Esto lo hice realidad hasta que yo conocí a la señora Martha, hace 33 años. Sentí la mayor felicidad cuando vi el taller y empecé a agarrar la máquina”, añade.

Martha Gloria García de Namnun, quien fundó Mazahui junto con un grupo de colaboradores, explica que a través del taller de bordado se pretende contribuir a que las mujeres mazahuas se empoderen y enfrenten la pobreza con su trabajo que merece ser valorado y pagado de manera justa.
“Lo que más nos mueve es contribuir para que las mujeres se empoderen y sobre todo por la pobreza porque sentimos que los indígenas son los pobres entre los pobres y no es la excepción aquí en Valle. Ellas bordan y después nosotros fundamos una tienda, primero en el pueblo, y ahora tenemos una en Avándaro en donde se vende lo que ellas hacen entonces no invierten en sus materiales y por otro lado, no tiene fines de lucro la tienda por lo que eso nos sirve para reinvertir, para comprar más material y que ellas nuevamente puedan seguir haciendo sus cosas”, expone.
De ahí, el interés por encontrar vías que les permitan obtener apoyos y profundizar en las posibilidades de la organización como un puente entre la vida moderna y la cultura mazahua pero lo más importante, subraya, es erradicar la discriminación que todavía persiste entre la sociedad.
“Que no las vean como seres inferiores porque ellas no pueden seguir siendo discriminadas. Si quieren realmente ayudar, que les den trabajo. Trabajo en lo que ellas saben hacer, que no es cualquier bordado, es un arte y ese arte se tiene que conservar y no solo les repercute a ellas, les repercute a ellas y a sus familias”, refiere Martha.
En el Día Internacional de la Mujer, que se conmemora este 8 de marzo, se enfatiza que la identidad de las mujeres mazahuas situadas principalmente en Valle de Bravo y otros municipios del Estado de México y Michoacán está estrechamente vinculada a la tierra y buscan asegurar la conservación de los recursos naturales para futuras generaciones, pero al mismo tiempo, bordan para sostener su economía familiar al mismo tiempo que cuidan a sus hijos y sostienen otras tareas de cuidados que casi nunca son remunerados de manera justa.
Por lo anterior, si deseas ayudar a mejorar su situación o hacer un donativo en especie, puedes contactar con Mazahui en su sitio www.mazahui.org.mx o en el correo electrónico [email protected]
