El cineasta Lorenzo Hagerman entró con su cámara a la intimidad de la vida silvestre del flamenco caribeño y, una vez en su hábitat, documentó su anidación en aguas someras, lagunas salinas y manglares de la Península de Yucatán, logrando tal cercanía que confía en que su más reciente documental sea una ventana para que el espectador comprenda la fragilidad de la especie a los cambios del clima.

Ciudad de México. En el corazón de los manglares de la costa de la Península de Yucatán, allí donde las lagunas de aguas someras atraen por sus paisajes y su diversidad biológica, un flamenco caribeño alimenta a su polluelo con leche de buche, un líquido de color rojo intenso que parece sangre pero que en realidad es un coctel de nutrientes esenciales para garantizar la sobrevivencia de la cría que acaba de nacer en este sitio considerado el principal centro de reproducción en México para esta especie.

El flamenco caribeño acerca su pico tembloroso a la boca ansiosa de su cría y lo alimenta con la leche de buche a través de una maniobra que parece más un beso sútil donde sus picos curvos se entrelazan en un abrazo, como un refugio que cobija. La escena quedó registrada en el documental “Flamingos: la vida después del meteorito”

Un día antes del estreno comercial de la cinta, este 26 de marzo, el cineasta y productor de la película, Lorenzo Hagerman, se toma unos minutos para reflexionar en entrevista con Evlyn.Online sobre el rol que tiene el cine de naturaleza para conectar a los espectadores con ecosistemas frágiles como del flamenco caribeño y confiesa que, en su primer proyecto fílmico de este tipo, el reto más grande fue entrar a la vida silvestre y pasar desapercibido.

“Eso fue lo más difícil. El acceso es lo más retador. Sin acceso, no hay documental. Sin acceso no hay historia, puede ser que algunas escenas que no se ven particularmente difíciles en la película o que parecen muy cotidianas, el público puede decir eso es más fácil y no, todo, absolutamente en todas las escenas, el reto era pasar desapercibido y lograr la cercanía que se logró”, comparte.

Lorenzo Hagerman en rodaje.
Lorenzo Hagerman en rodaje.

 

Un proyecto que le tomó diez años consolidar y que surgió por invitación de La Vaca Independiente, que contó con el respaldo del Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell (institución líder mundial en el estudio de las aves) y la producción de Cactus Film, de José Cohen, le obligó a reaprender su oficio.

“Para empezar, en una película normalmente uno se puede mover en el espacio, escoger los diferentes ángulos, comunicarse con sus otros colaboradores. Aquí era un trabajo en soledad, entrar a un escondite, a un refugio, donde no te puedes mover en quince horas porque si te mueves, puedes hacer disturbios en la vida silvestre. Tienes que, desde un mismo ángulo, observar el fenómeno que tienes enfrente”, revela.

Aunque se presenta como una historia de supervivencia colectiva con textos de la poeta Ajo en voz de Julieta Venegas y música original del compositor Bryce Dessner, la cercanía de las imágenes que presenta el documental se convierte en un instrumento didáctico para entender la fragilidad de la especie, impulsar la reflexión sobre la realidad ambiental y dimensionar la importancia de los ecosistemas de la Península de Yucatán.

“Había días que para poder entrar al escondite había que entrar desde madrugada porque nos llevaba quizá desde 400 metros arrodillados cargando el equipo que pesa más de 20 kilos, nos podría llevar una hora y media. Porque en el momento en el que detectabas que había un disturbio, que oyes la colonia que se agita, había que quedarse allí quietos para demostrar una cero amenaza a la colonia”, detalla.

Con una trayectoria profesional de 35 años haciendo cine, en este documental, explica, el objetivo era doble: lograr una cercanía para dotar de material al Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell que le permitiera ampliar el conocimiento de la especie y al mismo tiempo, hacer una película que sirviera de ventana al espectador.

“El laboratorio de ornitología cuenta con uno de los archivos de imagen y sonido más grandes del mundo de la vida silvestre especialmente de pájaros. Un archivo que lleva recabándose desde principios del siglo XX, que tiene especies ya extintas, el valor que tiene eso para el estudio, para la divulgación, para la conservación, también es importante, el dejar registrado la vida secreta del flamenco caribeño que no estaba en el archivo de Cornell University. Todas, absolutamente todas las escenas fueron un reto para entrar a la vida silvestre sin ser una amenaza y pasar desapercibidos y en ese sentido cada toma, cada escena, es un logro”, afirma.

Al estar inmerso en la intimidad del hábitat del flamenco y su proceso de anidación, el rodaje se sintió para él como un ejercicio de meditación constante.

“Se vuelve un ejercicio de retiro, casi de meditación durante todas esas horas que me produjo una gran sorpresa, una gran admiración no sólo a los fotógrafos sino a todos los que trabajan en torno a la vida silvestre, a los ecosistemas”, detalla.

Para el cineasta el rodaje fue una larga meditación.
Para el cineasta el rodaje fue una larga meditación.

 

No se protege lo que no se conoce y este documental exhibe lo crucial que son los humedales costeros de la Península de Yucatán para la reproducción del flamenco caribeño, pero también como sitio de resguardo, alimentación, cortejo, apareamiento e invernación.

“La historia del flamenco tiene muchas interrogantes que aún no se han podido contestar, se ha hecho mucho por la conservación, pero falta mucho por hacer. Apenas cuando yo terminaba de filmar lograron poner seis GPS a unos flamencos y por primera vez demostrar que había individuos que cruzaban de Holbox a Cuba en tan sólo unas horas, y esto fue hace muy poco que se pudo comprobar. Obviamente el conocimiento de los fenómenos va de la mano de la conservación. En la medida en la que tú entiendes cómo funciona un ecosistema o el comportamiento de una especie, pues puedes detectar dónde están las fragilidades”, considera.

La presencia de perros ferales que atacan a las colonias anidantes de flamencos y la alta vulnerabilidad de sus sitios de anidación a perturbaciones climáticas, también son documentadas en la película.

“Soy testigo de que cualquier cambio en el clima puede afectar la reproducción de esta especie tan frágil y que tiene una ventana de tiempo muy específica para poderse reproducir. Ellos tienen que construir los nidos antes de que empiecen las primeras lluvias porque si no, las tormentas del verano pueden inundar la superficie y mientras las crías, los polluelos no aprendan a volar, pues son presa fácil de los depredadores y si están en etapa de embrión, no van a sobrevivir las inundaciones”, enfatiza.

Tras 700 días de filmación, el cineasta sabe que el flamenco caribeño es más frágil de lo que se piensa.

“Es mucho más frágil de lo que nos imaginamos: los cambios en el clima, en el terreno, atmosféricos, y tenemos que estar conscientes de esa fragilidad. En la medida en la que nosotros estemos afectando cualquiera de estos factores, estamos afectando la biodiversidad”, agrega.

La producción le obligó a filmar en todo el norte de la costa de la Península de Yucatán y él mismo se sorprendió de que los flamencos no llegaran siempre al mismo lugar. El primer año de filmación, se quedó esperándolos en un sitio tradicionalmente de anidación, pero no llegaron y, a medida que continuó el rodaje, los descubrió ocupando nuevos sitios, alejados de amenazas para su reproducción.

“Toda la Península de Yucatán es un gran ecosistema que les proporciona diferentes condiciones para la reproducción y parece ser que llega a lugares donde no tengan, o tengan la menor cantidad de amenazas y donde haya suficiente lodo para poder construir sus nidos y estos pocos elementos hacen que dependan del clima, de las mareas, de la proximidad con el ser humano. Después de yo filmar la película, no volvieron a anidar en el mismo lugar”, destaca.

La Península de Yucatán es clave en la anidación del flamenco caribeño.
La Península de Yucatán es clave en la anidación del flamenco caribeño.

 

Antes de hacer este documental, Lorenzo estaba acostumbrado a ver a los flamencos en charcas de lagunas posando tranquilamente, pero al adentrarse en su íntimo proceso de anidación, su percepción se transformó y hubo momentos, asegura, en los que terminó comparándose con la especie.

“Yo no puedo observar la naturaleza desde otro punto de vista más que la del ser humano como ser humano y tiende uno a compararse con la especie. Es un fenómeno de la observación. Si tú no te puedes comunicar con el que estás observando, empiezas a traducir sus estados de ánimo, se podría decir, aunque científicamente es políticamente incorrecto, pero es inevitable. Tratas de traducir si está satisfecho, si está frustrado, si lo está logrando o no lo está logrando, por lo tanto, observar a la naturaleza es observarte a ti mismo y eso es un poco también el ejercicio con la película”, concluye.

La película Flamingos: la vida después del meteorito es narrada por la cantante Julieta Venegas y se estrena el 26 de marzo bajo el sello de Pimienta Films.

5 DATOS DEL FLAMENCO QUE DEBES SABER

  1. Su característico plumaje rosado brillante proviene de los pigmentos carotenoides presentes en las algas y pequeños crustáceos que consume
  2. Habitan en lagunas costeras poco profundas, salinas y pantanos del Caribe
  3. Viven en colonias que pueden agrupar a cientos o miles de individuos
  4. Construyen nidos en forma de cono usando lodo y materia orgánica, donde la hembra pone un solo huevo
  5. Alimentan con leche de buche a sus crías