7 años después, el río Sonora sigue contaminado

Cananea, Sonora. Después de siete años de que la mina Buena Vista del Cobre, propiedad de Grupo México, derramó 40 mil metros cúbicos de sulfato de cobre acidulado en los ríos Bacanuchi y Sonora, la contaminación por metales pesados persiste en al menos tres sitios identificados a lo largo del afluente, confirmó la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

José María Martínez, director general del Organismo de Cuenca Noroeste de la Conagua, reveló en entrevista con Evlyn.Online que en tres puntos del agua superficial que corre a lo largo del río Sonora hay presencia de metales pesados por arriba de los límites permisibles que establece la normatividad mexicana.

Lo anterior fue detectado a través del monitoreo de calidad del agua que lleva a cabo la Conagua desde 2014, luego de que el 6 de agosto de ese año la minera Buena Vista del Cobre ocasionó el derrame considerado el peor desastre ecológico en la historia de la minería en México y el cual afectó a 22 mil 878 pobladores de los municipios colindantes con los ríos Bacanuchi y Sonora.

“De acuerdo a los últimos análisis que hemos hecho, que datan de noviembre del año pasado, encontramos que hay sitios en el río Sonora, de agua superficial que no se utiliza para consumo humano, pero sí hay ciertos elementos que están por encima de la Norma Oficial Mexicana. Hay ciertos sitios, sobre todo en La Labor, donde el agua superficial está por encima de la Norma. Son tres sitios a lo largo del río que corre superficialmente”, explicó.

 

Pie de foto: Afluente del río Sonora. Imagen: cortesía de PODER
Pie de foto: Afluente del río Sonora. Imagen: cortesía de PODER

 

Aunque el agua superficial no se utiliza para consumo humano, los pobladores de la región sí la emplean en el riego agrícola de las parcelas y para alimentar el ganado.

Para llevar a cabo el monitoreo de calidad del agua del río Sonora y Bacanuchi, la Conagua estableció 31 sitios de muestreo de aguas superficiales y 33 sitios de muestreo de aguas subterráneas.

Los resultados del último monitoreo que llevó a cabo la Conagua, en noviembre de 2020, reportan que el aluminio excede el valor de referencia de los Criterios Ecológicos de Calidad del Agua (CECA) en los 31 sitios de muestreo, a excepción de la muestra levantada en el pueblo de Aconchi, además el manganeso y el fierro también exceden el valor guía de los CECA.

En tanto, en aguas subterráneas, se reporta que, de los pozos analizados, se encontraron concentraciones de sulfatos por arriba de la Norma Oficial Mexicana NOM-127-SSA1 en La Capilla, Mazocahui, Guadalupe de Ures y San José de Gracia.

Además, en los resultados de calidad del agua se destaca que desde 2014 durante el monitoreo del Derrame de Buena Vista del Cobre, el pozo perteneciente a La Labor presenta concentraciones elevadas de manganeso que rebasan el valor establecido en la Norma Oficial Mexicana NOM-127-SSA1.

El director general del Organismo de Cuenca Noroeste de la Conagua, admitió que, a siete años de que ocurrió el derrame en los ríos Bacanuchi y Sonora y tomando en cuenta los resultados de monitoreo de calidad del agua, hay mucha desconfianza entre la población.

“Nosotros lo que hemos detectado en los recorridos que hacemos es que la gente está muy desconfiada de la situación de la calidad del agua y lo que vemos es que hay una gran debilidad de los Organismos Operadores que son los que directamente son los responsables en cada municipio de entregar el agua con los estándares de calidad.

También hemos detectado que hay grupos organizados que están pidiendo que se regularice, que se haga justicia en cuanto a su derecho humano al agua y el resarcimiento de los problemas ambientales por el deterioro que generó el derrame. Todo esto es un proceso que está vivo y que requiere ser atendido con mayor atención por las instituciones tanto a nivel municipal, estatal y federal”, indicó José María.

Después del derrame que afectó a pobladores de Banamichi, Ures, Baviácora, Aconchi, San Felipe, Arizpe y parte de Hermosillo, reconoció que la mayoría de la población prefiere comprar agua embotellada.

“Ellos toman agua directamente de los pozos y en muchos de los pueblos le comprar a empresas que ofrecen agua en garrafón”, agregó.

Para dar seguimiento a la presencia de metales pesados en la cuenca del río Sonora, la Conagua realizará del 9 al 26 de agosto otro monitoreo de calidad del agua a través del levamiento de 67 muestras de aguas superficiales y aguas subterráneas.

“Vamos a empezar en la zona norte, en Arizpe, Cananea y luego vamos a ir bajando poco a poco, población por población”, afirmó.

El director general del Organismo de Cuenca Noroeste de la Conagua dijo que también trabajan en el levantamiento de un diagnóstico sobre las 16 plantas de tratamiento y potabilizadoras que se encuentran en la región pero que requieren mantenimiento por lo que serán incluidas en el plan presidencial para el saneamiento de la cuenca del río Sonora.

“Tenemos que tener mejores plantas tratadoras de agua y potabilizadoras, esta es una deuda que existe todavía de parte de la empresa y del Gobierno con las comunidades”, añadió.

Al hacer una reflexión respecto a la principal enseñanza que dejó el desastre ambiental ocasionado por la minera Buena Vista del Cobre, José María Martínez enfatizó la importancia de aprender a gestionar el riesgo.

“Tendríamos que tener mejores capacidades de manejo del riesgo porque ese siempre está latente y uno nunca sabe cuándo va a venir un accidente como el que se presentó y tenemos que manejar el riesgo tanto en los protocolos como en la comunicación con la gente porque la gente se asustó mucho, todo esto tenemos que hacer para enfrentar estos gravísimos problemas ambientales que se generan con estos accidentes en las compañías mineras”, apuntó.

Pie de foto: José María Martínez, director general del Organismo de Cuenca Noroeste de la Conagua.
Pie de foto: José María Martínez, director general del Organismo de Cuenca Noroeste de la Conagua.

 

LA URGENCIA DE REMEDIAR EL RÍO BACANUCHI Y SONORA

Arizpe, Sonora. Martha Carlota Aguirre Valenzuela creció en el pueblo de Tahuichopa, en una casa ubicada a menos de 500 metros del río Bacanuchi. De niña, ella solía bañarse en este río y su papá acostumbraba a regar su siembra de ajo con las mismas aguas, pero el 6 de agosto de 2014 una mancha tóxica de color marrón avanzó por los 254 kilómetros de los ríos Bacanuchi y Sonora y, desde entonces, perdió la confianza en el río.

“Era una historia muy bonita porque nosotros vivimos cerca del río y bajábamos en tiempo de calor a bañarnos. Nuestra vida estaba basada en el río porque las milpas se regaban con el río, todo tiene que ver con el río aquí porque el río es la vida del pueblo, pero después del derrame, tardaron un año en sembrar los agricultores. Muchos caímos en depresión y hemos llegado a pensar que esto se va a convertir en un pueblo fantasma de hecho, cuando pasó lo del derrame yo tuve que salir de aquí porque se acabó todo, me fui a trabajar a Ures”, cuenta en entrevista con Evlyn.Online

Martha, de 36 años y madre de dos hijos, es integrante de los Comités de Cuenca Río Sonora que desde hace 7 años encabezan una lucha para exigir el acceso a agua potable y la total remediación ambiental en su territorio.

Pie de foto: Martha Carlota Aguirre Valenzuela, integrante de los Comités del Río Sonora.
Pie de foto: Martha Carlota Aguirre Valenzuela, integrante de los Comités del Río Sonora.

 

Los Comités de Cuenca de Río Sonora se conformaron por pobladores de los siete municipios afectados por el derrame de 40 millones de litros de sulfato de cobre acidulado que la mina Buena Vista del Cobre, subsidiaria de Grupo México, derramó el 6 de agosto de 2014 sobre los ríos Bacanuchi y Sonora.

En aquel entonces, la mancha tóxica llegó a la presa El Molinito, que surte agua a Hermosillo. El derrame afectó directamente a más de 22 mil personas.

Martha recuerda que, tras el derrame de sulfato de cobre, se quedó sin empleo porque la actividad agrícola y ganadera que sostenía a su familia, quedó completamente interrumpida en todo su pueblo.

“Yo tuve que salir de mi pueblo, me fui a Ures a trabajar en un establo de allá. Ordeñaba, hacía curaciones a los animales y apenas el año pasado regresé a mi casa, pero ahora es una tristeza que en tiempos de calor te dice tu hijo: ¡vámonos al río!, y tú le tienes que decir no mijito porque está contaminado. Ahora bajas al río y subes toda enronchada, con mucha comezón en la piel”, explica.

Desde hace un año que volvió a su casa, Martha gasta entre 100 y 140 pesos cada semana en la compra de garrafones a una empresa purificadora de agua porque no confía en la calidad del líquido que llega a su casa a través de la red de agua potable.

“Es una desconfianza muy grande y es muy triste”, afirma.

La desconfianza de Martha por la calidad de agua se acentuó luego de atestiguar que los casos de cáncer de estómago comenzaron a aumentar entre vecinos y familiares. Ella perdió a un tío a consecuencia de esta enfermedad.

“Surgió mucho cáncer en el pueblo, se nos murió familia por cáncer y luego la pandemia (Covid-19) por otro lado. Yo perdí un tío, se llamaba Jesús Salazar, pero él vivía solo y no le alcanzaba para comprar garrafones entonces siguió tomando el agua que viene del río y se le hizo el cáncer de estómago”, comparte.

Pero la tristeza mayor de Martha, dice, es ver a su papá sufrir el estigma de que los ajos que siembra y cosecha son regados con agua contaminada del río Sonora.

Después del derrame de la minera Buena Vista del Cobre, el papá de Martha recibió una compensación monetaria del Fideicomiso Río Sonora mediante el cual la empresa se comprometió a reparar el daño ambiental ocasionado a los pobladores, pero la remediación, dice, quedó inconclusa porque no hay suficientes plantas potabilizadoras que garanticen que el agua está libre de metales pesados.

“Mi papá se tuvo que quedar aquí, a él dieron una parte de recursos del Fideicomiso porque no sembró en un año, pero después tuvo que retomar cosecha del ajo, pero ahora el problema que tiene es que los compradores dicen que aquí está contaminado y han bajado los precios. El ajo antes de la contaminación se lo pagaban a 40 pesos el kilo y ahorita no anda ni en 20 pesos el kilo de ajo.

Los compradores vienen con ese pretexto de pagarlo barato porque está contaminado y lo llevan a las tiendas grandes y allá lo dan en 180 o 160 pesos el kilo”, reprocha Martha.

 

Pie de foto: El papá de Martha recorre las orillas del río Sonora.
Pie de foto: El papá de Martha recorre las orillas del río Sonora.

 

Ya transcurrieron siete años del derrame y los pobladores de Tahuichopa continúan esperando acciones concretas de reparación integral del daño a las víctimas y para la recuperación del medio medio ambiente.

“Lo que pedimos todos es justicia, la remediación total. Nos urgen las potabilizadoras, el hospital, nos urge que les hagan estudios a nuestros hijos y a los adultos mayores”, enfatiza.

Mientras Martha y sus familiares esperan una remediación del daño, a lo lejos contemplan las instalaciones de la mina Buena Vista del Cobre completamente amuralladas, a donde llegan los directivos mineros evitando cualquier contacto con los poblares afectados por la sustancia tóxica que derramaron hace 7 años sobre los ríos Bacanuchi y Sonora.

Pie de foto: Vista panorámica del río Bacanuchi.
Pie de foto: Vista panorámica del río Bacanuchi.

 

“LA REMEDIACIÓN YA NO PUEDE ESPERAR”

Después de siete años de acompañar a los Comités de Cuenca del Río Sonora en su lucha por la exigencia de reparación del daño ocasionado por el derrame de la mina Buena Vista del Cobre, Fernanda Hopenhaym, codirectora ejecutiva del Proyecto sobre Organización, Desarrollo, Educación e Investigación (PODER), admite que solo han obtenido promesas de las autoridades sin que todavía se concrete una remediación total a las víctimas y para el medio ambiente.

“En estos siete años hemos visto muchas promesas, diría que en el último par de años hemos visto cierta apertura de las autoridades al diálogo, se han presentado en el río, han tenido procesos de consulta con las comunidades afectadas, sin embargo, ahora mismo, la exigencia es que ya se empiecen a implementar soluciones.

No puede esperar más, son siete años de una calidad del agua no aceptable para las personas y con un reconocimiento de la Cofepris de que hay bastantes pozos con presencia de metales pesados dañinos para la salud como aluminio, arsénico y otros en el agua que llega a los hogares”, afirma en entrevista con Evlyn.Online

Pie de foto: Fernanda Hopenhaym, codirectora ejecutiva de PODER.
Pie de foto: Fernanda Hopenhaym, codirectora ejecutiva de PODER.

 

Quizá el mayor logro que hasta ahora obtuvieron los Comités de Cuenca del Río Sonora con el acompañamiento de PODER, dice, es reabrir el Fideicomiso que en 2017 se declaró cerrado, pero tras un amparo que promovieron los pobladores afectados, lograron que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ordenara la reapertura de este instrumento que tiene como finalidad la reparación total a las víctimas.

No obstante, señala que todavía quedan muchas preguntas abiertas.

“Esperemos que por fin haya remediación. Que se reabra el Fideicomiso y quede muy claro ¿cómo se va a armar el Comité Técnico?, ¿quién lo va dirigir?, los Comités Técnicos del Río Sonora están exigiendo tener participación en ese Comité Técnico para participar en las decisiones y que haya transparencia de los recursos. Ahora no está claro ¿cuánto dinero se le va a pedir a la empresa y si se le va a pedir restituir los 800 millones de pesos ejercidos de los 2 mil millones comprometidos en 2014 o se le va a pedir más”, plantea Fernanda.

Al reflexionar sobre la manera en la que se han transformado las comunidades de la cuenca del Río Sonora en los últimos siete años, reconoce que la resiliencia ha sido fundamental para continuar en pie de lucha y al mismo tiempo, destaca el papel que juegan las mujeres en la exigencia de una reparación ambienta que garantice un mejor futuro para las nuevas generaciones.

“Hemos visto a las comunidades en pie de lucha, yo las admiro y me siento honrada de poderlos representar. Hay muchísima resiliencia, muchísimo empuje para encontrar soluciones. Después de siete años el desgaste es grande y sin embargo, allí están. He visto a las mujeres organizar, reconocerse en esta lucha por el futuro de la región y por el futuro de las generaciones y por supuesto, también hemos visto la incertidumbre a la que se han enfrentado todos estos siete años, ¡imagínate pasar siete años bebiendo agua de la que desconfías!”, enfatiza.

Pie de foto: Planta potabilizadora móvil en la cuenca del río Sonora, imagen cortesía de PODER
Pie de foto: Planta potabilizadora móvil en la cuenca del río Sonora, imagen cortesía de PODER

 

El desastre ambiental ocasionado por Grupo México señala que también representó un golpe económico para las comunidades ya que, en algunas regiones gastan hasta 50 mil pesos en agua embotellada durante todo un año y al mismo tiempo, los agricultores y ganadero de la región enfrentan problemas para comercializar sus productos debido a que hay desconfianza de la marca “Río Sonora”

Los Comités de Cuenca del Río Sonora en acompañamiento de PODER solicitaron desde el 2 de julio a la Procuraduría Federal de Protección Ambiental (PROFEPA) que instrumente medidas cautelares para proteger el medio ambiente y la salud de las más de 22 mil víctimas, pero tampoco han obtenido respuesta a su petición.

“Específicamente sobre este punto no hemos obtenido ninguna respuesta de las autoridades y las medidas que se están solicitando van en tres sentidos: a Conagua para el tema de monitoreo de la calidad del agua y reubicación de los pozos; se está solicitando también que haya monitoreos a la salud, que haya garantías de atención adecuada con seguimientos epidemiológicos; y también que haya monitoreos para garantizar la remediación ambiental”, demanda Fernanda.

A pesar de que han sido siete años de promesas de parte de las autoridades ambientales y de Grupo México, la codirectora ejecutiva de PODER no claudica en su compromiso por acompañar en su lucha a los Comités del Río Sonora y en alzar la voz para enfatizar que “la remediación ya no puede esperar” en la cuenca los ríos Bacanuchi y Sonora.

Pie de foto: Los niños toman baños en tinacos. Imagen: Cortesía de PODER
Pie de foto: Los niños toman baños en tinacos. Imagen: Cortesía de PODER
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