Las aguas negras son bienvenidas aquí como un recurso de altísimo valor. Se acopian, se tratan, se cuidan, se procesan y se regeneran e incluso, mediante tecnologías avanzadas, no se descarta que se purifiquen para convertirlas en agua potable.
Valle de Bravo, Estado de México. El murmullo del muro llorón que está en el acceso principal se siente como una caricia refrescante de bienvenida, pero al ingresar a El Humedal, el sonido del agua escurriendo se magnifica en un eco sonoro ininterrumpido y se devela un santuario biodiverso cuya vegetación deleita la vista. Nadie imaginaría que este oasis de vida emerge en lo que antes fue un suelo deforestado y se mantiene a partir de aguas negras tratadas. Es un modelo hídrico de gestión circular dentro de una arquitectura sostenible.
Allá afuera, todos los días se generan en el país 13.9 mil millones de metros cúbicos de aguas residuales pero el 73 por ciento, no se trata o se trata mal. La gestión de las aguas negras suele ser un gran problema para sociedad, empresas y gobiernos. Nadie quiere tenerlas cerca y todos quieren deshacerse de ellas porque contienen desechos que contaminan ríos, lagos o mares. Generan malos olores, emiten gases de efecto invernadero y contaminan suelos provocando enfermedades gastrointestinales, de la piel e incluso respiratorias.
Aquí, adentro de El Humedal, las aguas negras son bienvenidas como un recurso de altísimo valor. Se acopian, se tratan, se cuidan, se procesan y se regeneran. Incluso, mediante tecnologías avanzadas, no se descarta que se purifiquen para convertirlas en agua potable para consumo humano. Es un cambio de paradigma que pasa de “el agua residual es un problema” a “el agua residual es la base de la vida”
Quien visita este lugar queda envuelto en una experiencia que asombra. La diversidad vegetal se presenta como un manto verde intenso salpicado por los colores de las flores silvestres, hortalizas orgánicas y árboles frutales de un huerto, mientras que el ruido del agua que corre en un río serpenteante transmite ese deleite que sólo ofrece el contacto con la naturaleza.
“Toda el agua que ves y que escuchas es agua residual que fue tratada y ahora está en condiciones para que vuelva a ser un vehículo pleno de vida o para la vida plena”, afirma Miguel Ángel Silva Flores, director de El Humedal, en entrevista con Evlyn.Online
Un eje de trabajo aquí es la producción de agua tratada a través de una planta de tratamiento y un humedal artificial diseñado como un ecosistema natural compuesto por 15 diferentes especies de plantas acuáticas que limpian y absorben nutrientes. Cada planta trabaja para depurar el agua de contaminantes físicos, químicos y biológicos, pero en conjunto, constituyen un paisaje vivo que cautiva.
“Ese proceso que hacen las plantas de fitoremediación, de limpiar el agua y quitarle los contaminantes, los nutrientes en exceso que lleva, al final, nos deja un agua de excelente calidad y tenemos un pequeño laboratorio donde se hacen pruebas y análisis para certificar la calidad, desde que llega como agua residual hasta que queda limpia”, detalla.
Las aguas negras que se tratan provienen de los sanitarios de una escuela secundaria y algunas viviendas aledañas. Con este modelo, se devuelve agua limpia a estudiantes y vecinos, pero también se fomenta la educación ambiental sobre el tratamiento de sus aguas residuales.
“Esta agua de otra manera hubiera sido un problema para la misma sociedad. Por un lado, tenemos una gran necesidad de agua limpia para las necesidades básicas, pero por otro lado tenemos una enorme cantidad de agua residual que nadie le da el valor que merece. Y cuando la tratas, la cuidas, la apapachas, esa agua residual que nosotros la tomamos de una escuela y unas casas aledañas al proyecto, El Humedal también se vuelve un espacio que te demuestre cómo es posible transitar a través de la vida, con un modelo probado para satisfacer las necesidades básicas en temas de agua”, explica.
Dentro de este espacio, el objetivo es no desperdiciar ni una gota de agua residual.
“Esta agua residual, yendo incluso un paso más adelante, pudiera ser potabilizada de nuevo. Digo aquí todavía hay una serie de temas pero lo que sí quisiera dejar claro es que este modelo real, este modelo es posible, es un modelo que al venir al sitio lo palpas, lo sientes y te cambia el paradigma y esto es justamente lo que trata El Humedal de ser, ese espacio donde te des cuenta que sí es posible ese cambio de mentalidad, de esa forma de hacer las cosas, que esos paradigmas con los que hemos crecido de que el agua residual con los que hemos crecido nosotros una vez que la utilizamos, que es un recurso que tenemos que ver cómo nos deshacemos de él, no”, apunta.
Con este proyecto, continúa, se demuestra que es posible desarrollar soluciones para la reutilización del agua residual.
“Al final, si algo falta en cualquier ciudad es agua limpia y si algo sobra es agua residual. Nosotros somos una prueba fehaciente de que este modelo funciona y cuando tú entras y ves todo esto que se está generando dentro de un entorno rural, dentro de un entorno urbano como el de nosotros, te das cuenta que este modelo puede ser adaptado y adoptado por quien decida hacer ese cambio en su modelo de vida”, enfatiza Miguel Ángel.
Pero no es fácil asimilar que el agua residual que salió del sanitario pueda ser bebible por las personas o bien, pueda autosatisfacer las necesidades básicas de una vivienda en un entorno urbano.
“La gente todavía piensa que esto es una utopía difícil de lograr o que este modelo de gestión es imposible, El Humedal nos demuestra que es un modelo de gestión integral del agua circular. Mientras tengamos agua residual, tenemos esa soberanía en temas hídricos para la subsistencia, en este caso, de las plantas, de los animales, e incluso de nosotros mismos”, señala.
Otro eje de trabajo aquí es el cultivo de agua mediante la captación de 130 mil litros de lluvia anualmente para crear ecosistemas naturales en diferentes escalas que beneficien al bosque y a la comunidad.
“Aquí no tenemos conexión a la red municipal. El agua que consumimos nosotros o para regar un huerto de hortalizas orgánicas, la tomamos del agua de lluvia que almacenamos durante la temporada de lluvia”, comparte.

Si hay algo que sorprende, es que no exista conexión a la red de drenaje municipal pese a la abundancia de agua que predomina en El Humedal, pero esto se debe a que, el agua de lluvia que se cultiva durante la temporada en que llueve, es administrada en un modelo hídrico circular.
“Tenemos una cuantificación de cerca de 450 mil litros al año como necesidad, pero al año tenemos una gestión de cerca de 8 millones de litros de agua. Ese proceso de limpieza del agua va generando las condiciones durante su estadía dentro de El Humedal de humedad, de esos pequeños microclimas, de ser el vehículo incluso de semillas, el vehículo de otra vida. Si vemos los espejos de agua que puede haber dentro del proyecto, vemos que está lleno de pececillos, de larvas de algunas libélulas, tenemos incluso una tortuga, son nichos de la vida que han ido retomando su lugar y esa parte es lo que se ha generado en torno al agua como ese vehículo conductor de vida”, agrega.
Un tercer eje de trabajo es la producción de suelo vivo.
Con tecnología de baños secos se colecta abono, que pasa por un proceso biológico para eliminar patógenos, y luego se transforma en abonos orgánicos o composta, consolidando así un modelo sostenible para la preservación del suelo vivo.
“Para nosotros aquí en El Humedal un tema importante también es el suelo vivo a partir de esos miles de millones de microorganismos que están en un puño de tierra o de suelo en este caso, es allí donde se empieza la verdadera gestión de la vida como la vemos, como la alcanzamos a visualizar”, expone.
Este proyecto urbano que hoy en día funciona como centro de investigación en agroecología y sostenibilidad, fue concebido por el arquitecto Enrique Álvarez con el propósito de buscar un entendimiento con la naturaleza. Está situado en la zona de Santa María Ahuacatlán, en el centro de Valle de Bravo, sobre un terreno de 2 mil 300 metros cuadrados que antes funcionaba como un club de tenis por lo que el bosque original de pino, encino y oyamel, fue talado.
Ya como un sitio deforestado tras talarse el bosque nativo, el arquitecto adquirió para emprender una restauración ecológica, recuperar el suelo degradado e impulsar la recuperación de los ecosistemas propios de esta región enclavada en el Área Natural Protegida (ANP) denominada Área de Protección de Recursos Naturales Cuencas de los ríos Valle de Bravo, Malacatepec, Tilostoc y Temascaltepec.
“Cuando se cambió este lugar de un bosque nativo para ser un club de tenis, hay un cambio drástico. Hubo un proceso de limpieza, de apisonar la tierra para dar las condiciones para que funcionara y fuera un club de tenis. Entonces, toda la vida que estaba viviendo en este espacio, fue buscando otros lugares y se fue. Cuando existe la inquietud y la visión de Enrique Álvarez de regenerar este lugar, es volver a dar las condiciones para que esa vida fuera retomando el lugar que ya tenía: el agua, el tipo de suelo, y vas generando los nichos para que las especies: sean plantas, sean insectos, aves, roedores, vayan encontrando un espacio para vivir o regresar a lo que antes ellos habían conocido, esa memoria biológica ancestral de que aquí había vida vaya retomando su lugar”, reflexiona Miguel Ángel.
Con agua residual, captación de lluvia y suelo orgánico, El Humedal sirve como refugio para proteger y conservar el patrimonio biológico del Área Natural Protegida de Valle de Bravo y simultáneamente, promover la educación ambiental.
“Por un lado, tenemos que cambiar el paradigma de ver las cosas, por otro tenemos que ser también más conscientes en nuestra vida diaria y cotidiana de lo que hacemos, de cómo lo hacemos, es decir, qué le echamos al agua cuando nos estamos lavando las manos, qué sí y qué no, todo ese tipo de cosas van sumando pequeñas acciones que van sumando y que al final, nos dejan con una situación que podemos cerrarle la puerta y decir: que alguien más se haga responsable de mis desechos, o yo tomo la responsabilidad y yo empiezo a hacerme cargo también de mis responsabilidades como usuario del agua, como usuario del suelo, de los recursos naturales en general”, sostiene.
Para el director general de El Humedal, la preservación del medio ambiente depende de todos y se fundamenta en dos pilares: la voluntad y la intensión.
“La vida regenera la vida y para eso tenemos que tener simplemente dos cosas: una es voluntad, y la otra es la intensión justamente de esa voluntad llevarla a la acción porque no podemos quedarnos en la voluntad, tenemos que dar el siguiente paso”, propone Miguel Ángel.
Con un modelo hídrico que le da la bienvenida a las aguas negras para transformarlas en agua limpia, alimentos y conocimiento, El Humedal es un oasis inolvidable que invita al visitante a convertirse en parte de la solución y reconectar con la naturaleza.
