El desafío de apagar un incendio forestal

Querétaro, Qro. El trabajo de un combatiente de incendios forestales en México es, sobre todo, afinar los sentidos y en base a la información sensorial que percibe, extinguir el fuego que amenaza a un ecosistema natural, pero Juan Ruperto Vergara González sabe que esta tarea es un desafío porque está comprometida su vida y la de sus compañeros.

“Una vez que llegas al incendio, lo primero que debes hacer es una evaluación de la situación: ¿en dónde está ocurriendo el incendio?, ¿qué se está quemando?, y ¿qué se compromete? Una vez que haces la evaluación, tienes que voltear a ver ¿cómo es la topografía?, ¿cómo es el terreno?, oler y darte cuenta si hay viento, si está haciendo calor. Luego, hay que ver ¿qué está comprometido? Y después, establecer una estrategia que permita combatir el fuego”, afirma en entrevista con Evlyn.Online

Tras siete años de combatir incendios forestales en zonas montañosas de selvas, bosques y otras regiones del País, este combatiente de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) considera que la información que recibe a través de los sentidos, es fundamental para liquidar un incendio.

“La liquidación se inicia cuando el incendio ha sido controlado. ¿Cómo tienes que hacerlo?, primero tienes que sentir, ocupar el sentido del tacto. Con la herramienta te aseguras y puedes tocar. Si ya no está caliente, tú puedes avanzar”, explica.

Pie de foto: Juan Ruperto Vergara González, combatiente forestal de la Conafor al frente de una misión de combate.
Pie de foto: Juan Ruperto Vergara González, combatiente forestal de la Conafor al frente de una misión de combate.

 

El olfato juega un papel estratégico.

“A través del olfato, tú vas caminando y de repente hueles que hay olor a humo, buscas la dirección del viento y vas al punto donde está prendido”, agrega.

La vista resulta clave para el combatiente de incendios forestales.

“La visión es el otro sentido. Tienes que andar muy avispa como dicen en campo, tienes que estar muy atento porque quedan rocas sueltas, ramas quemadas, quedan árboles apagados pero sensibles y cualquier movimiento del viento puede tirarlos.

Es algo que yo le digo a la gente cuando estamos trabajando: no porque vean una rama pequeñita piensen que es inofensiva. Cualquier rama cayendo de 20 metros de altura puede generar un daño más grande que si tú te pusieras al frente de un beisbolista y te diera un batazo. Así de peligroso es que tú estés debajo de un árbol cuando ha sido quemado”, advierte.

El oído ayuda al combatiente forestal a captar los sonidos que se producen en el ambiente y a anticipar la dirección en la que avanza el fuego.

“Hay veces que tú no alcanzas a ver, pero puedes escuchar cuando se está quemando algo”, apunta.

En México, el campo de trabajo de los combatientes forestales lo constituyen más de 65 millones de hectáreas arboladas.

Su formación profesional les exige conocer el manejo del fuego y saber utilizar cada herramienta que portan en su equipo de trabajo.

“Las herramientas tienen tres funciones: una es de raspado, tienes que raspar; otra es de cavar, tienes que cavar y sofocar el fuego; y la otra es de corte, tienes que cortar las raíces, tienes que cortar la madera que está prendida. Con estas tres acciones tú vas quitando el fuego, vas desintegrando el triángulo del fuego y lo vas dejando libre de que se vuelva a incendiar”, explica.

En lo va de la temporada 2021, del 1 de enero al 10 de junio, se han registrado 5 mil 943 incendios forestales en el territorio nacional que afectaron una superficie de al menos 449 mil 33 hectáreas, de acuerdo con la estadística de la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

Los estados que este año han reportado el mayor número de incendios forestales son: México, Ciudad de México, Michoacán, Chihuahua, Puebla, Tlaxcala, Chiapas, Jalisco, Morelos y Durango.

Mientras que las entidades federativas con la mayor superficie vegetal afectada por incendios forestales fueron Guerrero, Nuevo León, Chihuahua, Chiapas, Oaxaca, Durango, Michoacán, México, Tamaulipas y San Luis Potosí.

Pie de foto: Juan Ruperto y sus compañeros definen la estrategia de combate al incendio forestal antes de introducirse al bosque.
Pie de foto: Juan Ruperto y sus compañeros definen la estrategia de combate al incendio forestal antes de introducirse al bosque.

 

Juan Ruperto es ingeniero forestal por la Universidad Autónoma de Chapingo y tuvo su primera lección sobre el fuego en 2005, cuando se quemó un área de reforestación que formaba parte de un proyecto universitario y el cual recuerda que era un “gran orgullo” para él y sus compañeros.

“Uno de los maestros, el doctor Dante Arturo que es una institución en el manejo del fuego nos dijo: el fuego es un elemento natural y hay que tomar conciencia de ello. A partir de allí, empecé a tomar actividades y a formarme en el manejo del fuego”, recuerda.

En 2008 formó parte de una capacitación internacional para apagar los incendios forestales y cinco años después, se incorporó como integrante del Programa Nacional de Manejo del Fuego a cargo de la Conafor donde continúa desempeñándose y, actualmente, gran parte de su trabajo consiste en procurar la seguridad de los combatientes forestales.

“Una de las premisas es la seguridad del personal”, enfatiza.

Su empeño y liderazgo le ha permitido representar a México en el combate de incendios forestales en países como Estados Unidos y Canadá.

Pie de foto: Juan Ruperto y sus compañeros de la Conafor exhiben orgullosos la bandera de México cada vez que apoyan a otros países a combatir incendios forestales.
Pie de foto: Juan Ruperto y sus compañeros de la Conafor exhiben orgullosos la bandera de México cada vez que apoyan a otros países a combatir incendios forestales.

EL DUELO QUE QUEDA CUANDO MUERE UN COMBATIENTE 

La caída de un combatiente que muere intentando apagar un incendio forestal “conmueve”, confiesa Juan Ruperto.

A lo largo de su trayectoria, él ha sido testigo de la caída de varios de sus compañeros. Algunas veces, realizó los trámites de la cobertura del seguro para proteger a la familia del combatiente fallecido.

Entre 1998 y 2020, un total de 239 combatientes de incendios forestales de la Conafor murieron mientras intentaban apagar el fuego que amenazaba a distintos ecosistemas naturales del País.

Durante el mismo periodo otros 202 combatientes de incendios forestales resultaron lesionados mientras realizaban las labores de combate al fuego, de acuerdo con lo reportado por la Conafor.

“La noticia que hemos tenido de varios combatientes que han fallecido en esta labor es conmovedor.  Los combatientes que han caído, nos han marcado, nos han generado esa sensación de impotencia”, expresa con la voz entrecortada.

Por fortuna, Juan Ruperto asegura que él no ha estado en situaciones tan comprometedoras, aunque sí ha enfrentado otro tipo de riesgos.

MÁS ALLÁ DE LAS LLAMAS, HAY OTROS PELIGROS

El riesgo de combatir un incendio forestal supone emprender una batalla, cara a cara, contra el fuego que amenaza un ecosistema natural, sin embargo, Juan Ruperto es testigo de que el mayor peligro no siempre está frente a las llamas.

“A veces el mayor peligro se encuentra no precisamente frente a las llamas sino previo o después de haber trabajado. Los accidentes no solo nos pasan frente a las llamas, alguna vez tuvimos un problema con un vehículo por un camino sinuoso, de difícil acceso, por poco y se nos voltea. También hemos tenido otras cuestiones como algunas caídas de los compañeros”, puntualiza.

Pie de foto: Juan Ruperto y sus compañeros combatientes de la Conafor evalúan el combate al fuego para minimizar riesgos.
Pie de foto: Juan Ruperto y sus compañeros combatientes de la Conafor evalúan el combate al fuego para minimizar riesgos.

 

Juan Ruperto anticipa que, para minimizar peligros, es fundamental que los combatientes consideren el comportamiento de lo que se denomina “La Gran Triada” definida por la topografía, el tiempo atmosférico y el combustible.

“Topografía, combustible y tiempo atmosférico, son los tres elementos que determinan el comportamiento del fuego. Nosotros trabajamos con la parte media evaluando la topografía y el tiempo atmosférico, luego decidimos cómo trabajar con los combustibles. Por ejemplo, quitar los combustibles, abrir brechas o incluso hacer contrafuegos dependiendo de las condiciones atmosféricas y topográficas que se tengan”, revela.

Antes de combatir un incendio forestal, continúa, el combatiente debe tomar en cuenta que el tiempo atmosférico es muy variable por ello, deberá evaluar cuestiones como ¿está haciendo viento?, ¿está la temperatura muy alta?, ¿está incidiendo mucho el sol?

“Varias veces nos ha tocado que aparentemente ya está controlado (el incendio) y al siguiente día, vuelve a reiniciar. Hay varios factores que influyen en esto. Voy a empezar por el tiempo atmosférico.

A veces se generan inversiones térmicas, ¿qué es eso?, que se generan fríos y un cinturón térmico que no permite la circulación atmosférica y se reduce la cantidad de oxígeno en una zona, sobre todo en los cañones y entonces, parece que ya está controlado el incendio, pero cuando al siguiente día se rompe el cinturón térmico, se generan condiciones de comportamiento extremo del fuego porque el material combustible fue precalentado y cuando entra oxígeno, vuelve a comportarse fuerte”, explica.

Otra condición a tomar en cuenta, enfatiza, es cuando la topografía donde se desarrolla el incendio forestal tiene una pendiente muy pronunciada y hay troncos que continúan quemándose dentro de la línea de control del fuego.

“Luego estos troncos se caen, ruedan y vuelven a prender en otra zona. Eso comúnmente se conoce como pavesas y es muy común que ocurra en las zonas serranas de nuestro país. Estas pavesas rodantes generan otro incendio”, describe.

El combatiente de incendios forestales también debe luchar contra los combustibles subterráneos, por ejemplo, raíces debajo de la tierra que pueden detonar un nuevo peligro.

“Cuando existen combustibles subterráneos, por ejemplo, raíces o pudriciones debajo de la tierra, a veces se limpia la superficie, pero por abajo hay raíces secas. Este caso sí se presenta en las zonas surestes del país, lugares donde hay pudrición en la parte de abajo y circundan el incendio, parece que está todo controlado y por abajo está prendiendo fuego. El siguiente día o a los dos días surge en otro lado, fuera de la línea de control”, expone.

La liquidación de un incendio forestal, implica un trabajo que muchas veces se prolonga días, semanas e incluso meses.

Pie de foto: Juan Ruperto y sus compañeros combatientes de la Conafor están expuestos a largas jornadas de trabajo al interior del bosque.
Pie de foto: Juan Ruperto y sus compañeros combatientes de la Conafor están expuestos a largas jornadas de trabajo al interior del bosque.

LOS INCENDIOS FORESTALES NO SE APAGAN CON AGUA

Contrario a lo que se piensa, los incendios forestales no se apagan con agua, sentencia Juan Ruperto.

Aunque México cuenta con equipamiento aéreo para trasladar agua que ayude a combatir los incendios forestales, enfatiza que esto no es suficiente para apagar el fuego.

“Un helicóptero o la aeronave más grande puede llevar 2 mil 500 o 3 mil litros de agua. Los helicópteros en México normalmente llevan mil litros, eso para la superficie de un incendio no le representa mucho, prácticamente le representa nada. Esto sirve nada más para darle seguridad a los combatientes que están abajo.

El equipo aéreo es de respaldo, debemos entenderlo así para que el personal en tierra pueda hacer el acercamiento y hacer la liquidación del fuego”, asegura.

Pie de foto: Juan Ruperto y sus compañeros combatientes de la Conafor viajan a Canadá para apoyar en el combate a incendios forestales.
Pie de foto: Juan Ruperto y sus compañeros combatientes de la Conafor viajan a Canadá para apoyar en el combate a incendios forestales.

 

Para ejemplificar, Juan Ruperto recuerda aquella ocasión en la que viajó a Canadá como parte del equipo mexicano de combatientes forestales y, a pesar de que había llovido, el incendio forestal seguía activo.

“Descubrimos un punto de calor, hicimos la excavación, abrimos, expusimos el fuego, luego vinieron dos helicópteros y estuvieron haciendo descargas de agua, soltaban el agua y el agua hervía, se evaporaba. Por lo menos 16 descargas hicieron y todavía nosotros con herramienta removiendo para eliminar el triángulo del fuego”, añade.

Ni siquiera un gran aguacero, dice, apagaría un incendio forestal.

“Ha habido aguaceros y no apagan el incendio. Un aguacero por pequeño que sea, arroja miles de metros cúbicos a un incendio en un corto periodo, pero un helicóptero arroja un metro cúbico. Un aguacero aporta miles de metros cúbicos y aun así no lo apaga. 10, 20, 30, 50 o 100 descargas de agua no le van a hacer nada al incendio. Claro, es focalizado y nos va dar seguridad para los combatientes que están en tierra”, agrega.

El equipo aéreo, subraya, es de “mucha utilidad” y puede ahorrar hasta 4 o 5 horas de trabajo a los combatientes de incendios forestales que trabajan en campo combatiendo el fuego.

EL SER HUMANO, PRINCIPAL RESPONSABLE 

Ya sea por descuido o de manera intencional, el 98 por ciento de los incendios forestales que ocurren en México son causados por el hombre.

Los ecosistemas forestales pueden ser susceptibles, dependientes o independientes.

En aquellos ecosistemas que son susceptibles al fuego, Ruperto anticipa que se debe liquidar cuanto antes el incendio forestal para minimizar daños.

Pero en los ecosistemas que son dependientes del fuego, vale la pena permitirse un control más pausado de combate al incendio forestal.

“A los semidesiertos y a los bosques templados se les considera como ecosistemas dependientes del fuego, ¿qué quiere decir?, que muchas especies necesitan la interacción con el fuego para regenerarse o controlar algunas poblaciones que podrían convertirse, en algún momento, en sobrepoblación y después eso se conoce como invasiones o plagas”, apunta.

Pie de foto: Juan Ruperto aplicando una estrategia de combate al fuego.
Pie de foto: Juan Ruperto aplicando una estrategia de combate al fuego.

 

A través del Programa Nacional de Manejo del Fuego, Ruperto y su equipo actualmente desarrollan una estrategia para realizar mejores prácticas, por ejemplo, implementar quemas prescritas para definir con qué intensidad el fuego debería de estar presente en los ecosistemas desde el punto de vista ecológico y de silvicultura, sin que reste valor al bosque o ponga en riesgo la erosión del suelo.

“El uso del fuego puede servir para la prevención de incendios forestales. Coordinados con el gobierno del Estado y algunas instancias municipales, hemos propuesto las líneas negras que es quemar una franja para evitar que la incidencia de las personas que por ahí transitan puedan generar un descuido y se genere un incendio forestal.

Otra propuesta es realizar quemas dentro de una superficie que amenaza o que posiblemente se vaya a prender este año por la cantidad de combustibles y las condiciones atmosféricas que se esperan entonces, previo a eso, antes de que el ambiente esté muy seco, se buscan las condiciones para hacer una quema previa, de manera que reduce la intensidad del calor y entonces se evita que todos los árboles de esa zona se puedan quemar”, explica.

Pero ¿quién es el responsable de apagar el incendio forestal?

El principal responsable de apagar un incendio forestal es el dueño del predio donde ocurre el siniestro, enfatiza.

Enseguida, corresponde al gobierno municipal intervenir en el combate al fuego. Posteriormente al gobierno estatal y finalmente, al gobierno federal a través de la Conafor.

A pesar de que está en riesgo su vida en cada expedición, a pesar de que el trabajo de los combatientes forestales con frecuencia no es valorado, a pesar de que los combatientes forestales de la Conafor resienten el impacto de la reducción de presupuesto a la Dependencia, Juan Ruperto celebra la oportunidad que tiene de proteger a los ecosistemas naturales del fuego.

Pie de foto: Juan Ruperto analiza los estragos que causó el fuego luego de un incendio forestal.
Pie de foto: Juan Ruperto analiza los estragos que causó el fuego luego de un incendio forestal.

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