La almejera que rescata el legado japonés en la pesca mexicana

Ensenada, Baja California. La cuna de Leonor Masuda fue una trampa de langosta. Desde que nació, esta pescadora de descendencia japonesa tiene una estrecha relación con la pesca mexicana.

Hoy, a sus más de 60 años, está empeñada en rescatar y visibilizar el papel que jugaron sus compatriotas en el sector pesquero de Baja California entre ellos, su papá y su tío.

“Tengo un proyecto para hacerles un reconocimiento a todos nuestros isseis. Isseis le llamamos a toda la primera generación de japoneses que nunca han sido reconocidos en ninguna parte por su cooperación en lo que fue la pesca desde los años veinte, mi papá y un tío entre ellos. Ellos llegaron en 1927 a Baja California”, comparte en entrevista con Evlyn.Online

Eran tiempos de la Segunda Guerra Mundial pero su papá y su tío ya navegaban los mares mexicanos.

“Los trajeron a trabajar todo lo que es la pesquería de abulón, langosta y atún. Cuando pasó lo de la guerra, Estados Unidos le pidió a México que concentrara a todos los japoneses cerca de las fronteras. De hecho, por el lado de Estados Unidos hicieron su concentración por Tecate y Mexicali, pero en México el Presidente Abelardo L. Rodríguez dio un pase a cada familia para que se retiraran de la frontera y los acomodó por todo el interior de la República. A mi papá le tocó en Comonfort, Guanajuato, allí fue donde conoció a mi mamá y luego mi mamá se vino con él hasta acá, hasta la Isla de Cedros”, narra Leonor.

Fue precisamente en la Isla de Cedros, Baja California Sur, donde ella nació. Es la menor de seis hermanos y sabe que su relación con la pesca comenzó desde la cuna.

“Mi cuna fue una trampa de langosta. Tal cual porque en aquellos tiempos, la mayoría del sector pesquero de todos los Puertos de Baja California regularmente era lo que teníamos, cunas que ya iban desechando”, expone.

Su padre, recuerda, adoptó el nombre mexicano de Ramón.

“Todos ellos se ponían nombres mexicanos cortitos, José, Pedro y mi papá se llamó Ramón Joichiro Masuda Ittoki”, explica.

Leonor destaca que el principal legado de su padre y de aquella primera generación de japoneses que llegaron a Baja California, fue el buceo escafandra. Por ello, actualmente trabaja en documentar esta aportación.

En su documentación ha podido concluir que los pescadores japoneses elegían a pescadores mexicanos altos para enseñarles el buceo escafandra que se distingue por la portación de un traje de lona con suficiente peso.

“Son cabezotes de cobre grandotes, tenían vidrio en sus oídos y en el visor de enfrente. Era un peso muy fuerte lo que traía cada buzo, tanto plomo para poderse sostener abajo (del mar), zapato de plomo, pesadísimos los zapatos al igual que un medallón que llevaban que era como un collar con unas bolas grandes de plomo para colgarse en el pecho, independientemente del cinto de plomo. ¡Era demasiado peso!”, enfatiza.

Gracias a que los pescadores mexicanos aprendieron esta técnica de buceo, pudieron desarrollar a nivel comercial la pesquería de especies como el abulón y el atún.

Leonor es una mujer que nació, creció y se desarrolló inmersa en el sector pesquero mexicano. Igual le tocó navegar a bordo de una embarcación en la que tenía como tarea cocinar para 17 pescadores, le tocó gestionar permisos de pesca y hasta consolidar una Cooperativa que exporta almeja de sifón.

Apenas el año pasado se encargó de enviar 32 mil kilos de almeja de sifón a Asia.

Pie de foto: Almeja de sifón para exportación
Pie de foto: Almeja de sifón para exportación

Su principal logro como mujer en la pesca fue hacer crecer la Cooperativa que fundó en 2008. Hoy, ella misma se sorprende de lo que ha conseguido en el sector pesquero.

“Fui dejando la casa a un lado para poder estar invirtiendo lo poco que tenía para mantener y comprar tu equipo que ahorita es bastante lo que estoy viendo. Yo a veces me pongo a pensar, cuando veo todo el equipo aquí guardado, ¿de dónde saqué yo ese dinero?, independientemente de los apoyos tanto del Gobierno Federal como del Estado, hemos comprado dos o tres pangas”, destaca.

Leonor se prepara para traspasar la administración de su Cooperativa pesquera a sus hijos pero tiene claro que su mayor reto será conquistar nuevos mercados.

“Tenemos que buscar otra parte de venta que no sea nada más China, Hong Kong sino buscar otros mercados, pero es un poquito difícil para nosotros como productores porque no podemos hacer nuestra venta directa porque eso costaría mucho dinero que no lo tenemos porque tendríamos que tener a alguien pendiente de quién te recibe y quién lo entregue en el lugar que se vaya a destinar la almeja”, añade.

Por ahora, esta pescadora continúa trabajando en documentar el legado de los pescadores japoneses a la pesca en México.

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