Ciudad del Carmen, Campeche. Para algunos el manglar es un ecosistema que atrapa miradas, para otros es un deleite paisajístico, pero para la investigadora Joanna Acosta Velázquez esos árboles leñosos han sido los culpables de que ella pase largas horas sumergida en lagunas y esteros identificando cuál es el mejor instrumento que ayudaría a medir los manglares mexicanos.

Esta profesora investigadora de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Autónoma del Carmen ha dedicado los últimos 21 años de su vida a diseñar tres instrumentos que resultan clave para medir la superficie de manglar en el país: el Sistema de Monitoreo de los Manglares de México, los Planes de Acción de Manejo Integral de Cuenca y la estrategia de delimitación del manglar.

“Empecé con Conabio y allí diseñé con mi colega Teresa Rodríguez los cimientos de lo que ahora es el Sistema de Monitoreo de los Manglares de México. A raíz de eso he estado trabajando en tratar de tener ciertos instrumentos para ayudar a la conservación de manglares.

Pie de foto: Joanna en trabajo de campo Crédito: Foto Especial
Pie de foto: Joanna en trabajo de campo Crédito: Foto Especial

 

Después en el INECC hicimos un instrumento que se llama Planes de Acción de Manejo Integral de Cuenca que ha ayudado a orientar inversiones al sector ambiental sobre todo a la Conanp, con este instrumento se ha logrado sensibilizar al sector privado para que tengan mecanismos de fondos concurrentes para poder apoyar a la Conanp a hacer su trabajo”, explica en entrevista con Evlyn.Online

Gran parte del trabajo de esta mujer que hace ciencia entre árboles de mangle y largas horas bajo el sol con los pies sumergidos en el agua, es determinante para delimitar la extensión de los mangles.

“Es la estrategia de delimitación de los manglares costeros. Ese tema es bien importante. ¿dónde vamos a poner la raya?, hasta ¿dónde es la delimitación?, esto es complejo porque los humedales en la zona costera son difíciles de mapear y establecer los criterios para que lo que veas en el mapa, sea lo mismo que ves en la realidad. Tienes que ver cuáles son las tasas de deforestación de manglares, cómo los podemos mapear porque no es un tema trivial poner la línea para definir qué es manglar y qué no es manglar. Esto es muy importante porque impacta en la toma de decisiones”, apunta.

Joanna no solo es revolucionaria con sus investigaciones sobre manglares, también es pionera en utilizar la ciencia como un instrumento para ser facilitadora entre los tomadores de decisiones y la preservación de los servicios ecosistémicos que presta el manglar.

“Si tenemos una visión de seguridad nacional, todos los servicios ecosistémicos que nos prestan los manglares los tenemos que heredar a nuestros hijos y a otras generaciones y por eso es tan importante el diseño de instrumentos para medirlos y mantener estos esquemas de conservación”, enfatiza.

Pie de foto: Joanna en trabajo de campo mapeando el manglar. Crédito: Foto Especial
Pie de foto: Joanna en trabajo de campo mapeando el manglar. Crédito: Foto Especial

 

Pero de la misma manera en la que se ha empeñado en medir manglares, esta investigadora también enfrentó el machismo, el acoso y los distintos obstáculos de violencia de género que persisten en su ámbito.

“En mi desarrollo profesional nunca me agradó que yo dijera una idea y luego esa misma idea la dijera un hombre y en vez de escucharme a mí, lo escucharan a él. Eso es súper común en estos ambientes, que si lo dice ‘El Doctor´ lo repiten todos, pero si lo dice la muchachita, esa no cuenta. Eso lo he tenido que lidiar, soy paciente, pero claro que es algo con lo que se vive. En las salidas a campo, cuando tú vas a campo y te toca hablar con un ingeniero y no te toman en cuenta nada más porque eres chava y si habla tu compañero, a él sí lo escuchan”, reprocha.

Por experiencia propia, sabe que en el ámbito académico persiste el acoso sexual.

“En la Academia hay mucho acoso sexual. Es algo que se tiene que visibilizar y pasa muy seguido. Yo he sido una persona muy empoderada y he podido frenarlo, pero lo he visto con mis colegas y con mis estudiantes y sí es muy frecuente en la Academia al igual que el abuso de poder”, enfatiza.

Pie de foto: Joanna disfruta su vocación entre manglares. Crédito: Foto Especial
Pie de foto: Joanna disfruta su vocación entre manglares. Crédito: Foto Especial

 

Cuando Joanna estudiaba el doctorado decidió ser mamá, pero esa decisión no fue bien recibida entre sus tutores y ella recuerda esa experiencia como un capítulo de mucha frustración.

“A mí en lo personal lo que me frustró fue que yo estaba terminando mi doctorado y me embaracé. Estuve en una institución que se pinta de humanista y las medidas que se tomaban cuando estabas en un postgrado y te embarazabas, era quitarnos la beca.

Yo decidí no titularme en mi doctorado porque varios de mis tutores me estuvieron hostigando con frases como: ´cómo se te ocurre embarazarte ahorita´, ´ya arruinaste tu futuro´, y sí, tiré la toalla porque tuve mucho acoso porque decidí tener un bebé cuando estudiaba el doctorado”, expone.

El gran reto que enfrentan las mujeres que deciden compaginar sus carreras profesionales con la maternidad, señala, es lograr humanizar los campos en los que se desenvuelven para que lejos de ser criticadas, encuentren un espacio que impulse su desarrollo personal. Por ello, hoy desde su trinchera como académica apuesta por humanizar la decisión de quienes deciden ser mamás.

“La maternidad en la Academia se tiene que humanizar más. Hay muchas académicas a las que yo admiro y han logrado tener un balance entre su vida profesional y la maternidad, pero necesitan tener muchos privilegios para poder hacerlo porque los ambientes académicos no son muy amigables para las señoras que decidimos tener hijos. Y esto no es una cosa solo de hombre, también hay mujeres que acosan a otras mujeres porque deciden ser mamás mientras desarrollan su carrera profesional”, agrega.

Pie de foto: Joanna decidió ser mamá cuando estudiaba el doctorado. Crédito: Foto Especial
Pie de foto: Joanna decidió ser mamá cuando estudiaba el doctorado. Crédito: Foto Especial

 

Joanna nació en la Ciudad de México, pero creció en Mazatlán, Sinaloa. Los manglares siempre fueron parte su paisaje urbano, particularmente en aquellos años en los que solía pasar mucho tiempo en el estero El Infiernillo junto a otros niños.

Ella recuerda que uno de sus tíos le inculcó el hábito de apreciar a los animales que llegaban al Estero. Sin embargo, años después, fue testigo de la degradación de ese sitio.

“Era un tío muy curioso porque nos ponía a ver a los animales y el Estero era súper bonito. Por allí yo pasaba para ir a la escuela y fui viendo cómo ese lugar se convirtió en un basurero porque es un humedal urbano, quedó adentro de la ciudad. Eso me movió bastante, el ir viendo cómo varios humedales donde yo pasaba tiempo con mis amigos se fueron degradando.

También eso pasó con una Marina allá en Mazatlán. Antes de que estuviera la Marina allí había un estero que se llama El Závalo y allí pues también íbamos en la lancha, a pescar y cada que paso por allí mi corazoncito se estremece porque yo lo vi cómo se fue transformando”, recuerda.

Esa infancia que estuvo llena de momentos en los esteros de Sinaloa, con el paso del tiempo se convirtió en una determinante carrera en la trayectoria de esta bióloga que actualmente continúa haciendo ciencia para el estudio de manglares.

Joanna comparte su pasión por la ciencia de manglares con su esposo Jonathan Ochoa, cuya línea de investigación es el carbono. Ambos trabajan juntos en el Laboratorio de Humedales Costeros de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Autónoma del Carmen.

Pie de foto: Joanna comparte su pasión con su esposo. Crédito: Foto Especial
Pie de foto: Joanna comparte su pasión con su esposo. Crédito: Foto Especial

 

CONOCE LA TRAYECTORIA DE JOANNA ACOSTA VELÁZQUEZ

Profesora investigadora de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Autonóma del Carmen (UNACAR).

Bióloga egresada de la Universidad de Guadalajara. Maestría en Ciencias del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) en manejo ambiental de zonas costeras.

18 años de experiencia en el sector ambiental en México.

Socia fundadora de Aura – manglares y costas, S. C.

Líder de proyectos de investigación aplicada para el manejo de cuencas costeras en la Unidad Académica Mazatlán del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) y el Fondo Noroeste.

Consultora y evaluadora de proyectos del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), Fondo de Adaptación (Adaptation Fund), Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), The Nature Conservancy (TNC) y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP).

Profesora de cursos de Percepción Remota, Sistemas de Información Geográfica, Ecología del paisaje de zonas costeras en distintas plataformas y países de América latina.

Coautora y autora de publicaciones científicas y de divulgación.

Miembro del grupo científico internacional “The Blue Carbon Initiative” (Conservation International).

Fundadora del Sistema de Monitoreo de los Manglares de México.

Miembro del Comité Nacional de Manglares.